REFLEXIÓN SOBRE DESIGUALDAD Y POBREZA.

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    “Todas las personas, los mismos derechos” (y oportunidades)  es la máxima universal, que igual en México como en cualquier otro país, incluso europeo, se escucha como un clamor ancestral que a medida que pasan los años se expande e incrusta, multiplicándose en cada recoveco del planeta.  Y como no, si por la situación precaria y de injusticia social que más de la mitad de la población mundial, y en el caso específico, en México, se sobrevive.

    “Primero los pobres” de ser una bandera creíble y esperanzador para la población en espera de mejores condiciones de vida, ahora, ha tomado forma de telaraña, que debido al rumbo por el que atraviesa el país no se le encuentra principio ni fin a esta maraña social. La entrega de becas o recursos económicos bimestrales como un aliciente definitivamente no es la solución y no hay país que lo soporte.

    La definición más utilizada para hacer referencia a la desigualdad económica es aquella donde se reconoce una situación en la que existe una diferencia relacionada con la renta, la riqueza o bienestar económico entre los diferentes integrantes de la población.  Es no tener un empleo cuyo salario le permita disfrutar de las condiciones de vida digna. Es no tener acceso a la educación ni a la salud o vivir en una sociedad que imparte una justicia diferenciada, precisamente, por la desigualdad económica y social.  Aunque el concepto de desigualdad va más allá de cuánto dinero gana una persona con respecto a otra, pues también hay que considerar a lo que ese sueldo les puede permitir acceder.

    Según el informe sobre la desigualdad global de 2018 elaborado por World Inequality Lab, “…la desigualdad de ingresos ha crecido de forma acusada desde el año 1980 a pesar del crecimiento de países como China…”.   Eso nos hace razonar en que el crecimiento económico no es una variable inversamente proporcional a la disminución de la pobreza.   Y aunque en algunos países han existido esfuerzos para disminuir la pobreza, la desigualdad económica aún sigue existiendo. ¡Qué complicación!

    Para la ONU, la situación de vivir en pobreza es cuando no se tiene la garantía de la satisfacción de las necesidades básicas, es cuando no se tiene acceso a los medios que le aseguren la satisfacción de sus necesidades más básicas. Es la carencia de servicios básicos; es malnutrición, es baja escolaridad, son problemas de salud, es vivir en un contexto de violencia.

    Algunos tipos de pobreza:

    -La alimentaria: que es la incapacidad de obtener una canasta básica;

    -La de capacidades: que es la insuficiencia del dinero disponible para adquirir el valor de la canasta alimentaria, educación y salud,

    -La Patrimonial: es la insuficiencia de ingreso disponible para adquirir la canasta alimentaria, así como tener el gasto para vivienda, transporte y salud.

    Datos con los que las Naciones Unidas pone en evidencia la situación desigual y de pobreza en el mundo:

    ·         En los países en desarrollo, el 20% de los niños en situación de pobreza tiene hasta tres veces más probabilidades de morir antes de cumplir cinco años, que los niños de los quintiles más ricos.

    ·         En la mayor parte de los países en desarrollo, las mujeres que viven en el campo tienen tres veces más probabilidades de morir durante el parto que las mujeres de la ciudades.

    ·         Hasta el 30% de la desigualdad de ingresos se debe a la desigualdad dentro de los hogares.

    La presente reflexión no pretende instruir a los encargados de las políticas sociales y económicas de los países en situación o de instituir los mecanismos de salvación ante el tema que se hace referencia. No es así, pero de las pocas actividades que   el confinamiento ha hecho posible, es tener un poco más de tiempo para pensar y analizar asuntos específicos.

    Ha permitido revisar el contexto de la sociedad donde se vive, así mismo, el poder preguntarse sobre, cómo esta situación de emergencia sanitaria, por el Covid19, profundizará en los problemas sociales y en las estructuras económicas, como en las de producción, transformación, distribución y de servicio. ¿A qué nivel lo complicará aún más?, sin duda hará de estas todavía más injustas y desiguales.  Lo que reflejará abismos mayores en las variables o indicadores (como quiera referirlos) que miden la justicia social, el empleo, el acceso a los servicios, a los alimentos, a la educación, a la salud, a la igualdad de oportunidades, a la de la distribución de la riqueza.

    En el caso de México ¿Cómo enfrentar la “nueva realidad” más allá del avance macro económico que habrá, pero que no permea al grueso de los más del 50% que viven en situación de alarma?

    ¿A este 50% en situación de emergencia le mejorará su situación ahora que el PIB incluya la variable de “felicidad”, donde dirá que México es un país donde sus habitantes viven con buena aptitud y positivismo pese a su condición?  No, este sector vulnerable está más allá de conceptos y variables, a los que sin duda, se les complica entender.

    Lo que realmente esperan, son resultados a su favor, de los que les permitan remediar su condición actual.  Y lo esperan ya, no hay tiempo para más discursos triunfalistas.  Ya no hay contemplaciones para perdonar posturas de complicidad entre los sectores privilegiados, afectando nuevamente a los más débiles.

    Las afectaciones colaterales del Covid19 van a acelerar las manifestaciones de desagrado e intolerancia a políticas que no resuelven casi nada.  Partidos Políticos han venido, los actuales se irán y otros llegarán y el recuento de los daños, sin duda, el mismo. Y este lo es desde el nacimiento del México Independiente. La deuda con estos grupos es histórico, que los marca, incluso, antes de nacer.

    A este sector de la sociedad no le interesa si su pobreza está considerada o medida con términos como Absoluta (ingreso insuficiente para satisfacer necesidades básicas); como Relativa (ingreso por debajo de la media mínima de un país); como Objetiva (medida con variables de ingresos, consumo, acceso a recursos) o como Subjetiva (percepción de las personas sobre su situación socioeconómica)

    Tampoco si la desigualdad en la sociedad en la que sobreviven está clasificada o causada por una desigualdad social, o económica, de género, étnica, educativa, religiosa, jurídica o legal. El hambre y la falta de oportunidades no esperan y el Covid19 viene a complicar aún más los tiempos, acelerando a este. La única igualdad que la alerta sanitaria ha agudizado, es que por igual le ha afectado a la clase media como a la baja. Guardando sus respectivas dimensiones.

    Sin embargo, ante el panorama desolador generados por la pobreza y la desigualdad estacionada en muchas sociedades y estas agudizada por la situación de emergencia sanitaria que generó la aparición del Covid19, es justo mencionar y agradecer, a manera de reconocimiento, al menos en Nuevo León, los esfuerzos que ante esta eventualidad sanitaria  hayan surgido grupos de ciudadanos, organizados o espontáneos, que motivados por un sentido de humanidad y solidaridad, se hayan entregado a labores de entrega de víveres y equipo de protección sanitaria, a la convocatoria para la donación y recolección de productos alimentarios para ser entregados a gente en condiciones de mayores necesidades, reconocer que sus esfuerzos aligeraron, en poco o en mucho, la emergencia por cubrir de esos artículos de primera necesidad.

    Y es que muchas personas que por su condición económica, de salud, laboral o de edad, se vieron orillados a un confinamiento en solitario y en situaciones de precariedad. Es aquí donde la aparición de estos grupos vino a darle un sentido a los días nebulosos de muchas personas y familias.

    Sectores religiosos como La Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, que desde la CDMX y en coordinación con un grupo de reciente creación en el estado, pero no por ello indiferentes, TELAR, AC, se organizaron para convocar y organizar, a la vez, a otras instituciones, colectivos o municipios con los que se encuentran implantando una metodología de Reconstrucción del Tejido Social en Nuevo León, guiados, juntos, mano a mano, de los Jesuitas Por la Paz.

    Así fue como los Jesuitas Por La Paz, a través de TELAR, AC, convoca primero al establecimiento de las primeras Redes Vecinales de Solidaridad –REVES-, el cual tuvo el objetivo de convocar a vecinos de sus propias manzanas de sus colonias o barrios, y que vía Whatsapps, seguir la pirámide de organización hasta llegar a la figura municipal, con la finalidad, entre otras actividades, de convocar a la donación y distribución de productos de primera necesidad para los grupos mayormente vulnerables a través, también, de las mesas solidarias.

    Sin dejar de brindar atención a la parte espiritual y de sentimientos a través de círculos familiares, círculos de sanación, de apoyo emocional, psicológica, etc; Después vendrían otros objetivos de servicios, como el planteamiento de ver la conveniencia de implementar otras formas de economía social, estas como alternativas de apoyo de conocimiento y de organización económica a personas o grupos que se interesaran en estas alternativas.

    En Nuevo León, fueron claros los esfuerzos de TELAR, AC, en crear un puente de comunicación con grupos e instituciones locales con los que ya comparte la estrategia de Reconstruir el Tejido Social de ciertos sectores, esto para emular, organizar y/o coordinar, los esfuerzos de los Jesuitas Por La Paz, quienes originaron la metodología base con la que se está trabajando.

    Así, Universidades como la de Monterrey (UdeM), Colectivos como el Nuevo Amanecer, y los municipios de San Nicolás de Los Garza, General Escobedo, Apodaca, El Carmen y Gobierno del Estado, todos, en sus propias condiciones y esfuerzos, se involucraron en tomar, todas, una u otra de las estrategias que los Jesuitas Por La Paz compartían con sus similares en el estado.

    Nadie escatimó esfuerzos o tiempos; jóvenes y maduros, mujeres y hombres, que conforman estos grupos en Nuevo León, se entregaron por igual, a la entrega de despensas o vales económicos, que también gel y cubre-boca, o de la entrega de información en general de la pandemia como de los cuidados higiénicos a implementar.

    O de presentarse a los domicilios para confirmar la condición de salud, de alimento y psicológica de las personas más vulnerables, entre ellos, los de edad acumulada, embarazadas y/o con alguna enfermedad de atención que los ubica dentro de la población con mayor peligro de sufrir los estragos de esta enfermedad con mayor peligro.

    Es meritorio reconocer los esfuerzos de cada uno de estos grupos, instituciones o colectivos. Que mientras otros se resguardaban en sus casas, ellos, hacían frente a las condiciones adversas por esta contingencia, incluso, poniendo en riesgo su propia salud.  El tiempo de emergencia por la contingencia aún no termina, el peligro aún no concluye y para ello, seguramente pasaran varios meses más.

    Los Jesuitas Por La Paz, TELAR, AC y los grupos de trabajo para la Reconstrucción del Tejido Social en Nuevo León no son los únicos que como grupos de trabajo están atendiendo a los sectores vulnerables, también se reconoce los esfuerzos de instituciones como Cáritas, de algunas escuelas y colegios, así como de grupos eclesiásticos y de las televisoras locales y de gente espontánea o de propia voluntad, que con medios propios o colectados, han salido a las calles a brindar sus apoyos, con la única intención de “sólo por ayudar”.

    Ya era sabido, que ante la indiferencia o insuficiencia oficial, siempre se puede contar con gente que organizada en instituciones, colectivos o de voluntad propia, habrá alguien que te acompañe en los tramos más ásperos del camino, haciendo el trayecto menos insoportable.

    Aunque finalmente, lo que se exige es que los gobiernos asuman su responsabilidad y que con efectivas políticas públicas redistributivas, reconstruyan sus estructuras económicas y dirijan los esfuerzos del aparato de gobierno al cumplimiento de las promesas de bienestar y de justicia social, y con todo lo que eso conlleve, que le garantice a la población el acceso a los servicios públicos y a una seguridad social más justa y con mejores y mayores sueldos, mismos que les permitan acceder a los medios que le aseguren la satisfacción de sus necesidades más básicas. A los servicios básicos; a una buena alimentación, a garantizar la educación de los miembros de su familia y a una atención médica de calidad.

    Responsabilidades establecidas y adquiridas en el ejercicio de sus funciones, para corregir las desigualdades y la pobreza en que sus sociedades se desarrollan.

    Con la certera creencia que al acabar con la pobreza y la desigualdad se estaría no solo reconstruyendo una sociedad más igual, sino construyendo una sociedad más justa, que al final de cuentas, conviene a todos.